(dale, dale...)
Te tengo que dar la razón. Las piernas de Chiara son tan interminables como una noche de verano. Cálidas y largas. Se abraza a tu cintura y desearías morir ahogado desde pelvis hasta los pies. Cuando acaba de matarte se tumba a tu lado y puedes notar el comienzo de sus piernas. Pero nunca el final. Acaricio el contorno imaginando que más allá no hay nada más. Me gusta Chiara en mi cama. Y sin final de tiempo.
La foto es de Ann He



