(Seguro que si hubiera radio en mi historia, ella sonaría... dale al play)
Mariano se despierta y le da la sensación de haber estado durmiendo durante años. Cuando se acostó, le dolía la espalda de arriba a abajo. Pero en el momento en el que suena el despertador a las seis y media de la mañana, ya se había recuperado del todo. Vive al lado de la cárcel. Sale con el amanecer y el frío cierzo le da en la cara. Le gusta sentirlo porque le acaba despertando mucho más que el café de cazo que le preparan en el Bar del Parque. El que se toma antes de empezar a trabajar. Él conduce el tranvía.

Un tren urbano que lleva a los pasajeros desde el centro hasta el Parque. Cerca del Hospital más grande de la ciudad. No tienen que ir con los coches que solo están al alcance de algunos. E incluso ve cómo hay chavales que se montan en la parte de atrás del mismo. Y le gusta llevarlos y tomar despacio las curvas, jugando con ellos cómo si no se diera cuenta que están haciendo trampas. Pero todo el mundo ha sido un chaval.

La verdad, es que ha tenido suerte en la vida. Desde que se enfrentó con su padre y se fue del pueblo a Zaragoza para buscarse fortuna. No quería seguir cuidando ovejas. Y todavía recuerda con una sonrisa lo que le dijo su padre cuando le vio conduciendo el tranvía zaragozano… “sigues siendo pastor, pero de humanos, no sé que es peor”

Las Fotos Son de Google, Si Son Tuyas y No Quieres Que Estén, dímelo y las retiraré Inmediatamente











