miércoles 18 de noviembre de 2009

El Tranvía



(Seguro que si hubiera radio en mi historia, ella sonaría... dale al play)


Mariano se despierta y le da la sensación de haber estado durmiendo durante años. Cuando se acostó, le dolía la espalda de arriba a abajo. Pero en el momento en el que suena el despertador a las seis y media de la mañana, ya se había recuperado del todo. Vive al lado de la cárcel. Sale con el amanecer y el frío cierzo le da en la cara. Le gusta sentirlo porque le acaba despertando mucho más que el café de cazo que le preparan en el Bar del Parque. El que se toma antes de empezar a trabajar. Él conduce el tranvía.



Un tren urbano que lleva a los pasajeros desde el centro hasta el Parque. Cerca del Hospital más grande de la ciudad. No tienen que ir con los coches que solo están al alcance de algunos. E incluso ve cómo hay chavales que se montan en la parte de atrás del mismo. Y le gusta llevarlos y tomar despacio las curvas, jugando con ellos cómo si no se diera cuenta que están haciendo trampas. Pero todo el mundo ha sido un chaval.



La verdad, es que ha tenido suerte en la vida. Desde que se enfrentó con su padre y se fue del pueblo a Zaragoza para buscarse fortuna. No quería seguir cuidando ovejas. Y todavía recuerda con una sonrisa lo que le dijo su padre cuando le vio conduciendo el tranvía zaragozano… “sigues siendo pastor, pero de humanos, no sé que es peor”



Las Fotos Son de Google, Si Son Tuyas y No Quieres Que Estén, dímelo y las retiraré Inmediatamente

domingo 15 de noviembre de 2009

El Club De Los Viernes



(Casi Se Me Olvida ponerla!!!! si es que no puedo vivir sin café... Dale Al Play)

Me imagino a todas dentro de unos años. Y me gusta. Aunque las arrugas se hayan apoderado de nuestras pieles y ya no puedan correr carreras los domingos por la mañana. A pesar de que la vista nos falle y no podamos leer, ni podamos con el vasito de vino en las comidas porque nuestro hígado gritó “basta”. Pero sigo viéndonos juntas, al menos una vez por semana. Cuando nos juntemos en alguna casa o en alguna cafetería. Y aprendamos a reírnos de todo lo que hemos pasado a pequeños o grandes avances.
Porque no me imagino la vida sin sus cosas como banda sonora, con sus alegrías y sus penas. Porque no quiero que lo que me pase no pueda ser compartido en nuestras charlas semanales. Y quiero que compartamos tantas cosas entre todas, que ya dudemos si las vivimos realmente o no.



Y quiero esto con bastón, piernas inflamadas y visitas al médico a por las pastillas de la tensión.

La Foto Es De AntolozaZD


miércoles 11 de noviembre de 2009

Rizos Rojos



(Qué gustito me da volver a oírlos... Dale Al play!)

A Nicole le gustaba mucho tener el pelo largo. Cuando estaba muy concentrada se lo revolvía con el dedo haciendo anillos rojos en sus manos. Le gustaba tumbarse en el césped y dejarse acariciar por su madre. Le acariciaba el cuero cabelludo y le estiraba muy suavemente el pelo por la nuca, las sienes y la frente. Ella sentía escalofríos de la cabeza a los pies. De esas sacudidas que te dejan la piel de gallina y dan ganas de dejar de respirar.



Siempre decía que se enamoraría de quien le estirara tan bien del pelo como su madre.



La sensación de soledad creció cuando vio que los papeles se habían invertido. Que ella ahora era la que acariciaba el cuero cabelludo de su madre. Se lo puso tirante, recogido en la parte de atrás con un moño. Lo peinó bien por las sienes, con horquillas que fijaban bien el peinado. Le tocó la cara y le perfiló los labios con los dedos. Había quedado perfecta. Estaba ya peinada para poder empezar el funeral en honor a esa madre que disfrutaba con los anillos rojos de su hija.

Las Fotos Son De Anastasia Cazabon

domingo 8 de noviembre de 2009

Comer Un Limón



(Qué gustito da oír a esta mujer... dale al Play)

Tengo una paciente arrugadita como una pasa. Con la cabeza ladeada porque así ve mejor, y con las manos deformadas de tanta artrosis que tiene.
Le gusta más lo ácido que lo dulce, algo que a mi me choca. Una abuelita así sólo puede comer azúcar. Pero ella no. Dice que cuando pone limón al pescado, le gusta hincarle el diente.
Yo me quedé pensando en el limón y acabé poniendo esa mueca tan característica. Una cara con la boca torcida, los ojos semi cerrados y sacando la lengua. Un escalofrío recorrió mi espalda pensando en el sabor del limón.



Ella sonrió con los ojos, bajó las cejas y me dijo que había cosas peores que el limón que le dejaba esa cara.
Miré hacia la ventana y pensé que tenía razón. Los parados que no encuentran solución para llegar a fin de mes. Las ERES que se van sucediendo dejando al obrero con los pantalones sin cinturón, así se los bajará en el siguiente contrato. Los problemas que tenemos para llenar la cesta de la compra. Los militares que están en Afganistán en vez de defender un barco español secuestrado por piratas. Las acusaciones cruzadas como niños de colegios que se llevan ya no sólo en partidos de diferente color, si no en el mismo. Los jugadores de fútbol que pagan menos impuestos que yo, y cobran más de lo que jamás podremos reunir los obreritos de pie. Ser testigo de una crisis de un sistema que no funciona, y ver cómo los que dirigen intentan salvar, sobre todo, a los bancos causantes de esta situación.



Me concentré de nuevo en su mano, moviéndola, acariciándola, fijándome en sus callos perennes. Me pregunto cuántas fregonas habrá escurrido. Desde que la dejaron en el hospicio en el 39. Desde que se fue a trabajar con las monjas en Valencia. Desde que heredó el pisico dónde vive en el Barrio Oliver. Tiene la mirada muy dulce. Con la piel sin planchar. Me pregunto que, si llego a su edad, me podré comer un limón sin poner muecas. Porque habré vivido casi todo, habré sentido casi (de) todo.

Las Fotos Son de Hel Des